Historia y Origen del Café
El café es originario de Etiopía, siglo VI, antiguamente Abisinia, y más concretamente de la región de Kaffa; de ahí posiblemente tomó su nombre, café.
Cuenta la leyenda que un pastor llamado Kaldi observó un extraño comportamiento en su rebaño de cabras tras comer los frutos y hojas de una planta hasta entonces desconocida para él. Los animales se mostraban inquietos, nerviosos y mucho más activos.
Ante esta reacción, decidió probar los frutos y hojas de la planta, cuyo sabor le desagradó tanto que optó por arrojar el resto de los frutos al fuego. Su sorpresa fue mayúscula al percibir un aroma especialmente atractivo que le indujo a prepararse una infusión con los frutos ya tostados. Al probar la bebida, el pastor Kaldi sintió una euforia tan extraña como desconocida para él, lo que le llevó a informar de su experiencia a un monje en el Monasterio de su aldea.
Allí, el monje descubrió después de numerosas pruebas que, con las semillas de estas plantas, una vez tostadas y trituradas, se obtenía una agradable bebida que le ayudaba en las largas noches de vigilia. La nueva bebida adquirió gran popularidad y se fue extendiendo por todos los monasterios. Más adelante, el Cafeto (el árbol que produce el café) fue llevado a Arabia, convirtiéndose en una de las bebidas más populares entre los peregrinos que se dirigían a la Meca. Del continente africano el Cafeto se extendió hacia América Central y del Sur.
En el siglo XVI, se crea el primer local destinado a la venta de café, en Constantinopla concretamente. Hasta un siglo después, no se tienen datos de la existencia del café como bebida en Europa. Fue en 1720, cuando este producto inició la conquista de los ciudadanos europeos, con la inauguración del afamado café Florian, ubicado en la Plaza de San Marco de Venecia.
Las primeras referencias sobre la llegada del árbol Cafeto a América datan del siglo XVIII, el rey Luis XIV de Francia recibió unas plantas de café como regalo del municipio de Ámsterdam. Años más tarde, una de estas plantas fue embarcada por Gabriel de Clieu (súbdito del rey Luis XIV y Gobernador de la isla de Martinica) con destino a América. Tras un duro y largo viaje, el cafeto fue plantado por el propio Clieu en su jardín, obteniendo su primera cosecha tres años después.
Posteriormente, los portugueses introdujeron el cafeto en Brasil; más tarde los ingleses hicieron lo propio en Jamaica y Cuba, y los españoles en Colombia.